domingo, 21 de junio de 2009

Un Padre...

Un padre no es sólo la persona que te dio la vida. Eso, por muy raro que parezca, es muy fácil. Tener un hijo es lo más fácil que hay: lo difícil es "ser padre".
Ser padre es guiar, es buscar las respuestas, es proteger de la lluvia y encontrar recursos donde
no los hay. Todo eso es lo que nos hace sentir que, cuando nos falta nuestro padre, es como si
se hubiera roto el cielo y no sabemos qué va a caer.
Si tu padre te amó, si te tuvo en sus brazos, si te señaló alguna vez algo que valía la pena ser mirado, entonces todo eso continúa en tu mirada. Tenés sus gestos, su modo de caminar y, lo más importante, parte de su modo de mirar el mundo. Porque eso es lo más milagroso del oficio de padre: que te puedan continuar protegiendo cuando ya no están.
Solamente sabrás lo que es ser padre, cuando sientas muy hondo el latido de ese pedazo de tu corazón sobre tu pecho, henchido de legítimo orgullo. Sabrás lo que es ser padre cuando comprendas que el fruto de tu sueño es ahora una realidad palpitante, ternura en piel viva y mirada inocente ante tu regocijo.
Y finalmente sabrás lo que es ser padre cuando un día tu hijo tenga que partir para estudiar en otro lugar, o a un trabajo distante y la nostalgia consuma las horas que antes feliz disfrutaste en su compañía y quizás sea el teléfono o internet la lejana liga que te una a él.
Y sobre todo cuando alguien venga y lo lleve de tu lado para perseguir otro arco iris, el de su propia vida, compartida con alguien a quien amará y tú deberás aceptarlo, porque esa es la ley de la vida y tu hijo te fue solamente prestado por un tiempo.
Entonces sabrás lo que es saberte padre. Que no estudiaste para ello, pero lo viviste y lo
seguirás viviendo. Y el regocijo que eso te proporcionará deberá entonces ser mayor que el
dolor que supone el sentir que algo muy tierno se despide de tu alma. Pero es sólo entonces que podrás saber con plenitud, la maravillosa experiencia, regalo de Dios vivo, que es saberse padre.